Serie “Infarto»

“Aunque esta herida duela como dos aunque te busque y no te encuentre y aunque la noche pase y yo te tenga y no.”
(Extracto del Poema Corazón Coraza de Mario Benedetti)

Para entender que hay mundo dentro del mundo hace falta el coraje de atravesar la coraza que los separa, transitar de un extremo al otro para adentrarse en una anatomía secreta en la que se descubre la eterna danza de Eros y Tánatos, un ciclo perpetuo de encuentro y desencuentro. La efervescencia surge al ver que estamos en el reflejo de nuestra propia imagen, también somos el cosmos que se construye de venas, pulsos, ritmos, vida, muerte y renacimiento. Cuando dos se encuentran, dos cosmos colisionan, hacen un pacto. En un torbellino de fuerza animal se desnudan, se funden en un latido. La sangre fluye como lava entre las venas, roja, contenida, profunda, ardiendo llena de vida. Bailan, rozan, susurran, tocan; sucede un primer temblor. Pulsan en un solo ritmo, coinciden inexorablemente en un mismo latido. Sin ningún aviso la brocha negra de Tánatos pinta una línea negra y deja escurrir el silencio entre ellos, anula el acuerdo. Se alejan trágicamente en un arrebato, se dispersan a través de sus sueños, se separan. El pulso baja. Uno busca el latido del otro en el universo y en cada pulsación anuncia su deseo de encontrarlo, pero falla. Y a pesar de que el silencio se impone, encuentra su propio latido. Su corazón coraza. Pedazos esparcidos por el universo; latiendo, anunciando su vida, sus ganas de vivir, de vivir realmente. Retorna como un fénix, aunque en su corazón permanece una cicatriz, como la memoria de un tiempo.

maría josé romero

Doppler 2
Esmalte sobre tela
210 x 150 cm / u, 2010

maría josé romero

Doppler 3
Esmalte sobre tela
210 x 150 cm / u, 2010

maría josé romero

Doppler 5
Esmalte sobre tela
210 x 150 cm / u, 2010

maría josé romero

Membrana
Técnica mixta sobre tela
150 x 135 cm, 2012

maría josé romero

Infarto
Acrilico y carbón sobre tela
95 x 190 cm, 2012

Serie “Roller Coaster Manhattan»

maría josé romero

Roller Coaster Manhattan II
Acrílico y carbón sobre papel
46 x 61 cm / u, 2014

maría josé romero

Roller Coaster Manhattan III
Acrílico y carbón sobre papel
46 x 61 cm / u, 2014

maría josé romero

Roller Coaster Manhattan IV
Acrílico y carbón sobre papel
46 x 61 cm / u, 2014

Serie “Germinal»

“Todo fluye”
Heráclito

 

Germinal, germen, semilla, origen, embrión, en ciernes, primigenio, célula, todo ello aflora y se abarca en este atractivo conjunto de pequeñas, diminutas y delicadas piezas pictóricas de María José Romero, sutil y profundo es el tratamiento que ella brinda a la gran temática de las múltiples génesis que la naturaleza ofrece con amplitud, sin dejar a un lado desde luego a la naturaleza humana. El tema central de esta serie es colocar en relieve a la suprema actividad de la naturaleza por recrearse y renovarse por medio de embriones que combinan dialécticamente tanto integración como desintegración, explosión e implosión. Llama la atención cómo esta veintena de obras de dimensiones minúsculas cercanas en promedio a los 15 x 60 cm fina y cuidadosamente trabajadas en acrílico con técnicas mixtas sobre madera, prácticamente acariciadas en su elaboración, den cabida a un universo pletórico de energía, a un campo infinito de fuerzas creativas y gestantes en continua reproducción de dimensiones intangibles. Las piezas invitan al observador a un diálogo íntimo, exclusivo, propio a interactuar y adentrarse en ellas, justo esa pequeña dimensión es la que las hace grandes. Como espectadores, las obras nos obligan a reducir nuestro cono de observación y acercarnos a ellas para crear un diálogo individual, generan una intriga magnética que nos conduce a una atmósfera casi metafísica de entrelazamientos de cuerpos vivos y energías atrayentes.

Lo anterior hace que sea un conjunto de obras de gran sensualidad, erotismo y candidez, muy característico de los gestos y trazos en el lenguaje visual y plástico expresado en las anteriores exposiciones y series de María José Romero, con la diferencia, en este caso, además del formato, de expresar en esencia un dinamismo perpetuo, un fluir permanente definido plásticamente por capas, veladuras, planos, membranas, pieles, gestos y profundidades que dejan entrever el misterio de los organismos vivos. Son paisajes o escenarios al interior de entes vitales que expresan un permanente fluir. Como si se tratase de una danza musical y sensual logran una grata experiencia estética que atiende y se dirige a territorios sensoriales y eróticos más que a los correspondientes a la razón.

Felipe Leal

maría josé romero

Germinal XV
Técnica mixta sobre madera
10 x 15 cm, 2016

maría josé romero

Germinal XVI
Técnica mixta sobre madera
15 x 20 cm, 2016

maría josé romero

Germinal XVII
Técnica mixta sobre madera
20 x 25 cm, 2016

maría josé romero

Germinal XXII
Técnica mixta sobre madera
20 x 25 cm, 2016

maría josé romero

Nido
Instalación
Varas y otros materiales orgánicos
10 x 15 cm, 2016

Maria José Romero
Ciudad de México, 1970

María José Romero realizó sus estudios de artes visuales en Boston, Estados Unidos a finales de la década de los ochenta y regresó a su país a inicios de los noventa para comenzar su carrera profesional. En aquella época la era digital alcanzaba su apogeo, por lo que muchos artistas respondieron a esta situación optando por tratar cuestiones que tuvieran más que ver con la identidad y la experiencia tangible a través de medios como intervenciones e instalaciones de sitio específico o representaciones de cuerpos politizados. Los inicios de la obra de Romero se insertan en aquel contexto, por lo que, al igual que los artistas de ese momento, se encaminó a esas temáticas; sin embargo, se resistió a utilizar los medios comunes y persistió convencida de que su lenguaje era la pintura. Así, la artista se ha centrado en la indagación de la identidad y la experiencia personal desde disciplinas como la física, la biología, la mitología y el estudio de los arquetipos. Particularmente, lo que le interesa a Romero de estas materias es la comprensión de mecanismos de la mente humana y del universo.

Como en una especie de combinación entre un dibujo automático surrealista y action painting la artista se enfrenta al lienzo con una coreografía espontánea en la que involucra todo el cuerpo sin ninguna planeación previa de lo que resultará al final, así con trazos gestuales expresa lo más profundo de su mente y emociones. De este modo, la pintura de Romero más que una interpretación abstracta, representa un espacio de acción, una muestra del movimiento, de la velocidad, de la energía y de las fuerzas del cuerpo y del inconsciente. Además, la obra de esta artista posee un marcado acento autobiográfico, desde su evidente gusto por los procesos de la vida vegetal y en específico la forma y función de las semillas, hasta experiencias de su propia vida para las cuales ha utilizado su creatividad con una intención catártica. Esto explica en gran medida la diferencia que existe entre cada una de las series de su producción: por ejemplo, en su temprana práctica, con la exposición Fuerza vital (2000), se observa un trazo muy controlado, cuidadosamente geométrico, esbozos que remiten a pinturas de Siqueiros con una variada paleta de color. Una etapa en la que se advierte un deseo de experimentación con variedad de colores, con diversidad de técnicas e incluso lenguajes (abstracto y figurativo). En el avance de su evolución el trazo se va descontrolando, se observan altibajos que derivan de situaciones y emociones diversas hasta llegar a la serie Semillas, en la cual alcanza un punto de culminación dentro de su producción con una pieza de la cual deriva o conjunta toda su obra.

Asombrosamente, la trayectoria de Romero ha ido en paralelo con su inquietud por los procesos de la vida vegetal en la que, al igual que esta, su obra ha partido de su semilla (la pintura Semilla 1) como una suerte de centro del cual germina su producción antigua que representa el arraigo, las raíces, los estudios, la experimentación y la introspección, aspectos que le han proporcionado los conocimientos y la solidez para de ahí crecer hacia afuera. Es decir, después de haber echado raíces, de la semilla ha brotado un árbol de abundante copa que manifiesta la madurez que finalmente ha alcanzado su obra, una conjunción conformada por su práctica y conocimientos artísticos, y sus estudios sobre diversas materias (en Teorías complejas). Con la intención de seguir indagando sobre el funcionamiento de la psique humana y el universo, la artista trabaja para que aquel árbol siga su crecimiento al punto de llegar a dar frutos y como no hay manera de entender el sistema de la naturaleza, tampoco se puede predecir hacia donde crecerá la obra de Romero; así que, como en un sistema complejo, se resiste a una evolución lineal y deja abiertas un montón de posibilidades que permiten la unicidad en la producción de la pintora. María José Romero ha participado en varias exhibiciones individuales y en un sinfín de colectivas entre Estados Unidos, España y México, el primero su lugar de formación profesional y el segundo su país natal. Con una aproximación multidisciplinaria, la artista ha propuesto soluciones para problemáticas actuales que involucran la reflexión e introspección del espectador frente a la obra.