hot art basel 2010
Tomás CASADEMUNT (España)
Pirámide del Adivino | serie «Maya Puuc» | pigmentos / papel algodón | 55 x 47 cm | 2009
BV VI | serie BV | piezografía / papel algodón | 110 x 110 cm | 2007
«La luz de la luna ilumina vivamente la selva; camino sin mayor dificultad entre zarzas y rocas. Las piedras resplandecen.
(.) Mi cámara 8×10, sobre largas patas, se asoma a cuatro metros de altura frente a los finos mosaicos de piedra cortada.
Permanezco horas sin moverme, paralizado en la noche cerrada y sus sonidos antiguos. Las sombras son demasiado profundas para alcanzarlas con la propia mirada. Confío en el rigor inquebrantable de mi cámara, ante una luna que asciende rápido en el cielo. Su luz oblicua exagera el grosor de los muros, vibrando con pequeñas ondulaciones. No hay señal de vida en estas esquinas de piedras mutiladas. Soy un cosmonauta fortuito en un planeta remoto. No sé muy bien como he llegado hasta aqui.(..). Pienso en la muerte, al acecho todas las noches. En la de los mayas que levantaron estos arcos atrevidos, en la de los pioneros fascinerosos… Esto es un baile con mi propia muerte, con la muerte de los otros, antes de que amanezca.»
Extractos del Diario de Viaje incluido en el libro MAYA PUUC
(RM / INAH, México DF, 2009). Tomás Casademunt,
Cuernavaca, junio 2008.
A medio camino entre las entrañas de un ferry, un carguero interestelar de Alien, y las estalactitas cavernosas del proyecto para el gran teatro berlinés de Hans Poelzig, la nueva biblioteca central es muy mexicana. Tiene sus raices en la arquitectura prehispánica y en algunas obras distintivas del Movimiento Moderno local: remonta tanto a la Calzada de los Muertos de Teotihuacán como al campus de la Ciudad Universitaria. (..). La gran tripa de cetáceo de esta biblioteca privilegia lo colectivo sobre el individuo. El esqueleto de una ballena-rescatada de las playas de Baja California ,colgado en medio de un espacio colosal de casi trescientos metros de largo por treinta de alto, aportación del artista Gabriel Orozco, no hace sino reforzar, entre diagrama y pleonasmo, la esencia misma del gran galerón. La Biblioteca de Kalach incorpora el tiempo como factor de proyecto, con plantas alrededor de las nuevas superficies crudas, sin acabados ni revestimientos, dejando que la naturaleza las abrace.
Miquel Adriá. Texto publicado en el libro Biblioteca Vasconcelos
México DF, 2007
Mario NÚÑEZ (México)
Gravedad 10 | óleo sobre tela | 100 x 120 cm | 2009
Gravedad 11 | óleo sobre tela | 100 x 120 cm | 200
«El propósito no es crear otras formas y colores particulares con todas sus limitaciones,
sino trabajar tendiendo a abolirlos en interés de una unidad más grande.»
Piet Mondrian.
La perspectiva de los laberintos de Mario Núñez nos remite a una urbe densa y compleja, inspirada en búsquedas que articulan experimentaciones e inspiraciones de la realidad, formando así una paradoja de abstracción, un recreo enigmático de las formas. Flujo e improvisación, tendederos rítmicos, caminos inesperados, sus juegos son el conducto soñado que llevan a cierta idealización de la niñez a través de sus colores y de sus múltiples mundos fantásticos. En su (ultima) serie «gravedad», Núñez no lanza la pintura al soporte sino que la va depositando con cierto misticismo, dejando los efectos de la física y de la gravedad hacer lo suyo. No utiliza dibujos ni bocetos, no se mete en el lienzo, apenas lo roza, deja que los colores y la textura escurran, se resbalen. Su línea es vertical, tiembla, llora. Sus gotas no están apuradas, avanzan con medida hacia lo ilimitado, construyen y reconstruyen la naturaleza a partir del espíritu. Su emanación dialoga con la matriz mondrianesca de «Composición con retícula 8», obra magistral pintada en 1919: la totalidad de la superficie pictórica se ha convertido en la imagen misma del cuadro, no vemos una imagen dentro de un cuadro, sino toda la superficie del cuadro como imagen. Núñez se convierte en un equilibrista; entre la razón y la emoción, su travesía requiere de mucha concentración y de mecanismos físicos que pelean constantemente con lo accidental. Con un proceso sorprendente, musicalmente (in)controlado, el artista deja sus huellas-pinceladas en la superficie de sus óleos-ventanas, toma distancia tanto con los paisajes imaginarios de su formación inicial como de sus incrustaciones surrealistas tan presentes en el trabajo que realizó durante la década de los noventa.Su procesión es la composición, nos invita al recorrido de la imaginación: un sismógrafo-electrocardiograma, una ciudad urbana (re)descompuesta, unas ventanas simultáneas, un vacio virtual… en fin, un cortejo de emociones y de interpretaciones ilimitadas.
Boris VISKIN (México)
Sonata para una Noche Cíclica | instalación de 124 piezas | 25 x 20 cm c/u | 2008
«No sé si volveremos en un ciclo segundo.
Como vuelven las cifras de una fracción periódica;
Pero sé que una oscura rotación pitagórica
Noche a noche me deja en un lugar del mundo.»
J.L. Borges
El título nace de un poema de Jorge Luis Borges, «La Noche Cíclica», escrito en 1940. Dentro de los poetas y escritores que mencionan lo cíclico del hombre y su historia, nadie como Borges para tocar esa fibra del morir y renacer, ese gran libro que se escribe día con día. La Sonata invoca la fuerza creativa del ser humano que convive con su instinto destructivo. Por un lado la edificación de imperios, monumentos y obras de arte y por otro la conquista del prójimo, que genera sumisión, destrucción y muerte. Asimismo, el estilo pictórico parece llegar a límites donde se autodestruye renaciendo en una nueva opción. La Figura cede ante lo Abstracto, lo Abstracto deviene en Concepto y este renace en Figura. Las facetas, la figurativa y la abstracta comenzaron a crecer invocando no sólo etapas pictóricas antiguas y recientes, sino también espacios en la memoria y los sentimientos: generando poco a poco una historia personal pero a la vez colectiva que va de lo más figurativo hasta lo más abstracto, de lo más conceptual hasta lo más lírico, de la cultura prehispánica hasta las Torres Gemelas, de la tradición samurai hasta la bomba atómica, de su infancia mexicana hasta su juventud en Jerusalén.
«Un morir y renacer de espacios, tiempos, estilos, visiones… El cuadrito inicial era de pronto veinte, treinta, sesenta, cien….
Sin planearlo estaba haciendo lo que tanto tiempo quise hacer en mi pintura. Eso que en el cine llaman una toma larga, un long shot», explica Boris Viskin. «Pienso por ejemplo en El Arca Rusa, de Alexander Sokurov, donde el cineasta, en una sola toma y a lo largo de dos horas, hace todo un recorrido que incluye cambios de espacios, luz, personajes y sensaciones. Pienso en Giotto y su Capilla de Padova. En Miguel Angel y su Capilla Sixtina. En Orozco y el Hospicio Cabañas; aunque a diferencia de ellos, el formato pequeño de La Sonata permite al espectador hacer este viaje muy de cerca, introduciéndose a la historia y sus pinceladas», afirma el autor. Boris Viskin no pretende que La Sonata sea la historia de la humanidad. Desde su perspectiva es tan sólo una de sus noches. La Sonata para una Noche Cíclica partió de una serie titulada Un buen día, que consistía en cuadros pequeños e individuales de un formato de 25 X 20 centimetros. Una de estas piezas giraba en torno al árbol y sus distintas expresiones: por un lado figurativas y, por otro, abstractas.