CabezaDeM

 

Dios

Desde niño recuerdas al barbudo bastón en mano. Santa Claus pero sin rojo. En vez de botas: sandalias, en vez de pantalón y saco: una manta bíblica; El Abraham de Caravaggio, Jodorowsky avejentado.

Siguió apareciendo en bifurcaciones cruciales: Raquel o María? México o Israel? Tenerlo o no tenerlo? Confesar la verdad o fingir? Operar o no?

No lograba comprender su respuesta; Parecía hablar español pero en otra frecuencia. A mis oídos solo llegaban rugidos de oso. Invariablemente la conversación concluía con una promesa de fidelidad: “Sácame de ésta y creeré en ti”

 

 

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Es de noche, una noche primaveral, y sé que mi existencia es un gran regalo y que yo – como todo el mundo – lo estoy dilapidando.
Imre Kertész

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“Muchas veces deseé que ocurrieran cosas imposibles, y de repente ocurrían. Pero mis deseos se cumplían de manera tan caótica que era como si los poderes ocultos intentaran demostrarme que yo no entendía mis propias necesidades.” I.Bashevis Singer – Solo

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A medida que aumenta la agudeza de su percepción intelectual y la amplitud de su perspicacia, el hombre ve ensancharse ante él el espacio y el horizonte. Su universo se hace más profundo, nuevas estrellas, enigmas e imágenes nuevas aparecen incesantemente a su vista. Quizás las cosas sobre las cuales la mirada del espíritu había ejercido hasta entonces su perspicacia y su penetración no fueron para él más que un simple ejercicio, un simple juego, bueno para los niños y los espíritus pueriles. Quizá un día los conceptos más solemnes, aquellos por los que más se ha combatido y sufrido, los conceptos de “Dios” y del “pecado”, no nos parecerán más importantes que los juguetes o las rabietas de la infancia le parecen a los ojos de un anciano. Y quizá “el anciano” necesite entonces un nuevo juguete, una nueva rabieta…, ¡siempre niño, eternamente niño!”
F. Nietzche – Más allá del bien y del mal

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“El hombre se crea demonios, dioses y santos a su propia imagen; luego han de ofrendarles incesantemente sacrificios, oraciones, templos, votos y su revocación, peregrinaciones, salutaciones, ornamentos de imaginería y otras cosas por el estilo. Su culto se entrelaza por doquier con la realidad, llegando incluso a eclipsar a ésta; cualquier efeméride de la vida es tomada entonces como un contraefecto de aquellos seres, el trato con ellos llena la mitad de la vida, alimenta constantemente la esperanza y, por la seducción del engaño, con frecuencia llega a ser más interesante que el trato con los seres reales.”
A. Schopenhauer – El mundo como voluntad y representación

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De esta experiencia asidua extrajo, más aun que una familiaridad, una confianza casi religiosa del inconsciente. No es, o al menos no se declara creyente, pero tiene el gusto y el don de abandonarse a este poder que, en el fondo de sí mismo , es más poderoso que él, quizá también más sabio. Este poder no es exterior, no es un dios personal ni trascendente. Es todo lo que, siendo él, no es él, lo que le supera, le inspira, le maltrata y le salva, y a lo que poco a poco ha aprendido a dejar que actúe. No diré que llama inconsciente a lo que los cristianos denominan Dios, pero quizá sí a lo que los chinos llaman Tao”
E. Carrére – De vidas ajenas

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“Iba a decirle que se marchara, que me dejara, cuando gritó de golpe en una especie de estallido, volviéndose hacia mi: “!No, no puedo creerle! ¡Estoy seguro de que ha llegado usted a desear otra vida!” Le contesté que naturalmente era así. Pero no tenía más importancia que desear ser rico, nadar muy rápido, o tener una boca mejor hecha. Era del mismo orden. Me interrumpió y quiso saber cómo veía yo esa otra vida. Entonces le grité: “!Una vida en la que pudiera recordar ésta!”, e inmediatamente le dije que era suficiente. Quería aún hablarme de Dios, pero me adelanté hacia él y traté de explicarle por última vez que me quedaba poco tiempo. No quería perderlo con Dios”
A. Camus – El extranjero

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Las contadas veces que acompañé a mi padre a la sinagoga, siendo yo aun un niño, las cubren sentimientos oscuros de miedo y aburrimiento; Lograba apreciar la bella voz del Hasan (el rabino que dirigía el rezo) y la bella melodía de un Klezmer a capela. También el movimiento de caderas de los demás feligreses al rezar, erótico y rítmico, me divertía por un rato e intentaba imitarlo. Pero eso no bastaba para darle algún sentido a mi estar ahí. El repetir mil veces “Dios eres grande, alabado sea tu nombre”, me resultaba ridículo. (Entiendo todo ese mecanismo de entrar en trance a través de un mantra, pero nunca me funcionó). Recuerdo contar los minutos por segundo, del uno al sesenta, en espera de que esa tortura terminase.

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“- ¿No eres creyente? ¿No decías que te educaste en un colegio de monjas hasta los doce años? - Eso no significa nada. Tampoco creía cuando estaba con las monjas. - ¿En qué creías pues? Pareció reflexionar unos instantes y al fin, con escrúpulo árido y exacto, contestó: - En nada. Pero no es que no creyera porque pensara y, pensando, me diera cuenta de que no creía. No creía porque nunca pensaba, simplemente. Y tampoco ahora pienso mucho en eso. Pienso en cualquier cosa, pero no en la religión. Y si uno no piensa nunca en una cosa, significa que esta cosa no existe para él. No es que la religión me guste o no me guste; para mi no existe.
A. Moravia – El aburrimiento

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“… la montaña de la vida luminosa. Alabado sea San Pedro en la montaña.” Madre Gisson cantaba el “Alabado sea” con mucho entusiasmo, con tanto que uno hasta podía creer que se estaba burlando un poco y que solo se esforzaba tanto para dar el ejemplo. Pero muchas de las cosas que hace el hombre son en serio y en broma al mismo tiempo, al mismo tiempo infinitas y finitas, sobre todo cuando su saber ya ha dejado de ocupar el primer plano y él ha recibido el don del humor.”
H. Broch – El maleficio

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“El hombre siempre se ve remitido a sí mismo, tanto en las cosas capitales como en las más usuales. En vano se forja dioses, para obtener mediante ruegos lo que solo puede lograr la propia fuerza de voluntad. Si el Antiguo Testamento había convertido al mundo y a los hombres en obra de un Dios, el Nuevo Testamento se vio obligado a convertir a ese Dios en un hombre, para enseñar que la salvación de la desolación de éste mundo solo puede provenir de él mismo.
Schopenhauer – El mundo como voluntad y representación

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Mi primer encuentro con la religión católica fue en el cuarto de la nana. Como buen cuarto de azotea solo una pequeña rendija permitía la entrada de luz y en poco ayudaba a la circulación del aire. Por ende ese primer encuentro fue húmedo y oscuro. Tres imágenes colgaban de las paredes: La virgen de Guadalupe, una bellísima interpretación de la crucifixión (que años después reconocería en el Museo del Prado como de Velazquez) y un acercamiento al rostro de Jesús acompañado de alguna leyenda que no recuerdo. Este último era el que más me impactó. A pesar de que su mirada se elevaba al cielo en busca de consuelo y clemencia, para mi tenía el efecto de la mirada horizontal del hipnotizador. La sangre que manaba de su piel a través de ese círculo extraño hecho de alambre de púas, aunada a ese par de lágrimas que brotaban de sus ojos, hacían estremecer mi cuerpo. La belleza y el dolor se ligaron de por vida en mi mente así como en la de Mishima.

“No hablo de ese Jesús de las horribles estampas de colores. Ni del Jesús de piel amarillenta, como un enfermo del hígado, al que una enloquecida sociedad humana ha convertido en la mayor puta de todos los tiempos. Y cuyo cadáver va paseando perversamente por ahí, clavado en cruces infames. No hablo de palabrería divina ni de cánticos gimoteantes. Ni del Jesús que, con un beso infecto, despierta de sus sueños lascivos a las niñas pequeñas antes de la primera comunión y las hace morir de asco y vergüenza cuando desaguan en las letrinas.

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Hablo del hombre: el desazogado que nos dice que debemos cambiar, ¡sin pausa, a cada momento! Hablo del aventurero, el más intrépido, libre y moderno de todos los hombres, que prefiere dejarse asesinar a pudrirse en vida con los demás. Hablo del hombre que es como todos queremos ser. Tu y yo.”
K. Kinski – Yo necesito amor, memorias

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“Cuando el hombre se sacrifica a sí mismo supera durante unos momentos al mismo Dios; pues, ¿cómo puede un Dios, infinito y omnipotente, sacrificarse? Lo más que puede hacer es sacrificar a su único Hijo.”
W. Somerset Maugham- Al filo de la navaja.

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Mi primer encuentro con el Arte fue a través de la religión católica. En el librero de la sala, “al fondo a la derecha”, se erguían en fila una decena de libros, altos, gruesos y pesados, en su mayoría sobre el Arte del Renacimiento. Tendría yo unos diez años, pero bien recuerdo las horas hojeando lentamente las páginas, absorto por las imágenes. Los pliegues de la ropa! ¿Cómo le hizo para hacer esos pliegues?! Las hojas de los árboles! Podría contarlas! Y sobretodo: ¿Cómo logró despegar esa nariz de la planicie del rostro?! ¿Cómo se logra la profundidad a través de lo plano?! . (¿o sería mejor preguntar: atravesando lo plano?) Mis preocupaciones eran estéticas, formales. El tema me era irrelevante. Quería descifrar el proceder del mago sin tomar en cuenta el truco en turno. Como un fan del Barza que no es catalán. Más sin embargo: el tema estaba ahí! Las anunciaciones, los bautizos, las resurrecciones, las crucifixiones. Incluso en los retratos de reyes, reinas o cardenales había un elemento religioso: sea tangible, (un cuadro al fondo de una anunciación, una virgen pintada en el amuleto, un crucifijo colgando del cuello) o intangible, (algo en la atmósfera, en la mirada, en el tipo de iluminación celestial).

Desde entonces lo divino y el Arte están ligados para mi de manera indisoluble. Por más mundano que sea el tema, si me conmueve, esa emoción la vivo como una iluminación, como una aparición.

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“Eva, nuestra primera madre Eva, en la actitud de una seductora de pueblo que ofrece el pan ácimo de su desnudez, apoyada en el árbol, mostrando sus generosas caderas en una provocadora postura de mujerzuela. Con los cabellos cayéndole hasta los tobillos como si se encontrara debajo de una cascada, con sus pequeños senos del todo desproporcionados respecto a sus caderas y sus muslos, recuerda a aquellos ejemplares idealizados de mujeres que ilustran los manuales de anatomía. Un chorro de esa oscura cascada, un rizo de su opulenta cabellera se desvía bruscamente de su curso retorciéndose como un bigote, rodea la nalga como una hiedra o un organismo vivo y, desafiando las leyes de la gravedad, guiada por una inspiración a la vez divina y pecadora, cubre la desnudez de nuestra primera madre, en cuyo fértil vientre asoma el ombligo, como un gran ojo de cíclope.”
D. Kis – Jardín, ceniza

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“Formados!, que vamos a la sala de cine!”

Año con año, finalizando abril, juntaban a todos los grupos de primaria del Colegio Israelita de México para ver algún documental sobre el Holocausto. La primera vez no sabíamos lo que nos esperaba e íbamos como si de un picnic se tratara. A los dos minutos de iniciada la proyección era obvio que nos transportaban al infierno; un infierno en blanco y negro que superaba con creces todo miedo y toda tristeza antes conocidos. El hecho de que la mayoría del personal del colegio, empezando por el director, fuesen sobrevivientes o familiares de sobrevivientes del Holocausto, explica en parte el porque se les presentaban a niños de ocho años imágenes tan aterradoras. Les urgía educarnos en nuestra historia.

Si con Bambi habíamos enfrentado por primera vez la muerte de un ser querido, ahora nos enfrentábamos a la muerte de la masa anónima; masa anónima, que al finalizar la proyección, subrayaba el director de la escuela, estaba compuesta por nuestros antepasados, “nuestra carne y huesos”. Yo no sabía a que carne se refería; Solo recuerdo huesos.

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“Tampoco el cuerpo de Cristo, sumido y consumido cada día y, por lo tanto, aproximadamente trescientas veces al año, era distinto del llamado homenaje cotidiano a Adolf Hitler, en cualquier caso, yo tenía la impresión, con independencia que se tratase de dos magnitudes totalmente distintas, de que el ceremonial era, en sus intenciones y efectos, el mismo. Y mi sospecha de que, en el trato con Jesucristo, se trataba de lo mismo de que un año o medio año antes sólo con Adolf Hitler se vio pronto confirmada. Si examinamos los cánticos y los coros que se cantan a fin de glorificar y honrar a alguna de las llamadas personalidades extraordinarias, sea la que fuere, como los cantábamos en la época nazi y como los cantábamos después de la época nazi en el internado, tendremos que reconocer que son siempre los mismos textos, si bien con palabras algo diferentes, pero son siempre los mismos textos con la misma música siempre y, en conjunto, todos esos cánticos y coros no son más que la expresión de la tontería y vileza y de la falta de carácter de los que cantan esos cánticos y coros con esos textos, es siempre solo el aturdimiento el que canta esos cantos y coros, y ese aturdimiento es un aturdimiento general, mundial.”
T. Bernhard – El origen

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“Hay un camino que lleva lo humano, pasando por el patriotismo, hacia lo salvaje. Muchos piensan que lo moral es lo que el hombre hace por su país, por su pueblo, por su sociedad. Bajo esa lógica se puede decir que Adolf Hitler fue una persona moral. Actuó a favor de lo que para él era el principio moral superior: el gobierno de la raza alemana en el mundo. Pero no: la esencia de lo moral es la relación entre un humano y otro, independientemente de patriotismos o religiones. Un ser humano y otro: punto."
Rav Y. Leibobitz – Discusiones

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“Hace muchos años cuando todavía era un niño, mi sapientísima abuela me explicó con palabras muy sencillas la diferencia entre judío y cristiano, no ya entre judío y musulmán, sino entre judío y cristiano: “Mira – dijo - , los cristianos creen que al Mesías ya estuvo aquí una vez y que, desde luego, regresará algún día. Los judíos mantienen que el Mesías está todavía por llegar. Por esto – dijo mi abuela – ha habido tanta ira, tantas persecuciones, derramamientos de sangre, odio… ¿Porqué? ¿Porqué no podemos esperar todos sin más y ver qué pasa? Si el Mesías vuelve diciendo: “Hola, me alegro de volver a veros!”, los judíos tendrán que ceder. Si, al contrario, el Mesías llega diciendo: “!Qué tal estáis?, me alegro en conoceros”, toda la cristiandad tendrá que disculparse con los judíos. Mientras tanto – dijo mi sabia abuela – solo vive y deja vivir”.
A. Oz – Contra el fanatismo

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Hay belleza en cualquier religión. Los rituales concentran milenios de experiencias, arquetipos y símbolos. Atacan los cinco sentidos a la par. Desmembrar esa belleza de su doctrina correspondiente, más allá de ser una herejía imperdonable, resulta complicado.

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Por ejemplo: una de las tantas fórmulas para pintar con encáustica incluye un 20% de copal. Cuando uso esa fórmula mi taller se transforma ipso facto en la Iglesia de San Juan Chamula. No se puede evitar la carga religiosa que viene en el olor del copal. Es como un copyright. O cuando bailo rock o hip-hop y me sorprendo a mi mismo moviendo las caderas cual hasid asquenazí; PERO: algunas veces el camino se da a la inversa. Recuerdo, siendo padrino en el bautizo de Z., mientras una ola de miedo y malestar invadía mi cuerpo al probar por primera vez la oblea sagrada, el mismísimo cuerpo de Jesús. En mi boca resurgió entonces el sabor y textura de las obleas multicolores que comíamos de niños en la Marquesa. En este caso el recuerdo infantil me liberó de las garras inquisitorias que ahorcaban mi ritmo respiratorio. La magia está por doquier.

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“En mi casa de Mitilene no crujen ya los muebles durante la noche; del pozo no suben los ruidos que los espíritus producen al sumergirse; las ninfas no rodean los Hermes del jardín, ni el enjambre de diosecillos, y su murmullo, anida entre las sombras. O la Creación, o yo, hemos perdido la condición infantil”.
Terpandro de Lesbos

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El amanecer trae para mi el eco del canto del Muecín. (El sacerdote musulmán que llama a la oración). El eco me transporta a aquel primer amanecer en Jerusalén cuando esa voz me despierta a las cinco de la mañana. En el cielo es de día, en la tierra de noche, como el famoso cuadro de Magritte. Se empiezan a adivinar las laderas blancas y las construcciones también blancas se empiezan a desprender de ellas. El canto del Muecín me espanta y me fascina a la vez: Tiene algo de paz y algo de guerra. Parece no ser humano y brotar desde el inicio de los tiempos, desde antes que naciera Mahoma o se creara el Islam. El canto me persigue hasta aquí, hasta hoy, cuando el mismo sol se adivina en el horizonte del mar de Nayarit. Con esa misma declaración de guerra, con esa misma esperanza de paz.

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“He aquí la paradoja: Los ignorantes han inventado los dioses verdaderos y reales, y los sacerdotes y sabios, los dioses falsos”.
Helánico de Lesbos

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“Él le hacía preguntas a la médium y la médium se las trasladaba a Dios. A veces, Dios tardaba horas o días en responder (en el caso de que el silencio no fuera una respuesta), pero cuando hablaba decía, por increíble que parezca, cosas de una pertinencia demoledora, de una eficacia atroz. Así, a la pregunta del porqué de la muerte respondió que para él la muerte no era más que “un desplazamiento dentro de la vida”. Dios nunca la había imaginado de otro modo y no entendía porque nosotros, los usuarios de la muerte, nos la habíamos tomado como una agresión personal. Un desplazamiento dentro de la vida. Era evidente que nos habíamos equivocado al nombrarla, o al llenar de contenido su nombre.”
J.J. Millás – El mundo

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“Verá, siempre nos representamos la eternidad como una idea que escapa a nuestra comprensión, como algo enorme, ¡enorme! Pero ¿porqué ha de ser una cosa precisamente enorme? Figúrese que a la mejor, en vez de ello, no hay allí más que una pequeña habitacioncita, algo así como un baño de aldea, ahumado, con arañas en todos los rincones, y que eso es la eternidad. ¿Sabe usted? Es así como a veces la concibo.”
F. Dostoievski – Crimen y castigo

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“En efecto, contra Giovanni Drogo, avanzaba el último enemigo: no hombres semejantes a él, atormentados como él por deseos y dolores, de carne que se podía herir, con caras que se podían mirar, sino un ser omnipotente y maligno; no había que combatir en la cima de las murallas, entre estruendos y gritos exaltantes, bajo un cielo azul de primavera, no había amigos al lado cuya vista reanimara el corazón ni el acre olor a pólvora ni descargas de fusilería ni promesas de gloria. Todo sucedería en el cuarto de una posada desconocida, a la luz de una vela, en la más desnuda soledad.”
D. Buzzati – El desierto de los tártaros.

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Llegabas a amar mucho tu vida, a amar y respetar su mera existencia, pero a menudo te despreocupabas de ella lo mismo que se despreocupan los sonámbulos. Estar “bien” quería decir que estabas vivo, y a veces solo era cuestión de tener cuidado suficiente en un momento dado. Era lógico pues, que todos anduviesen obsesionados con la suerte; no era raro lo de despertar a las cuatro de la madrugada y saber que al día siguiente ocurriría por fin, y entonces podías dejar de preocuparte ya y simplemente tumbarte allí, a sudar, en medio del frío más pegajoso que hubieses podido sentir en tu vida”
M. Herr – Despachos de guerra

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En los sesentas vivíamos en un edificio ubicado a treinta metros de la sinagoga asquenazí de México. Por su ubicación tenía nombre de antro: Acapulco 70. Todo el año pasaba desapercibida hasta el famoso día de Yom Kipur, día en el cual se atascaban sus entradas, se formaban colas de gente bien vestida y en la calle se apilaban dos o tres filas de autos estacionados que complicaban la circulación. (Cual antro pues). Era el día preferido del portero del edificio; “Gano más hoy que en todo el año”, decía mientras corría a estacionar un Maverik azul. A nuestro apartamento llegaban los amigos adolescentes de mis hermanos que escapaban del rezo. Algunos bajaban al patio a comerse a escondidas una torta, a fumar un cigarrillo. Un tío los observaba y decía: “Qué curiosa la religión judía. En algunas fiestas se come en el baño, en otras se fuma en el baño y en otras se come y se fuma en el baño”.

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Me acordé de mi tío años después un Yom Kipur en la ciudad vieja de Jerusalén. Había venido con unos amigos a comer una pizza al sector árabe, el único abierto en la ciudad. Eran tiempos “tranquilos”. La primera Intifada aún no había brotado y era común que judíos entraran a territorio palestino. El dueño del local nos atendía muy amablemente, quizás también para él era el mejor día del año. En sus ojos, sin embargo, se percibía un destello de censura. No supe descifrar si era el odio de rutina o una crítica a la falta de respeto hacia nuestra religión.

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“Ahora el fundamentalismo es parte del mundo moderno. Representa una desilusión, una angustia y un resentimiento que ningún gobierno puede dejar de lado sin riesgo. Si bien los fundamentalistas deben desarrollar una visión más compasiva de sus enemigos para ser fieles a sus tradiciones religiosas, los laicistas también necesitan ser más fieles a la benevolencia, la tolerancia y el respeto por la humanidad que caracterizan a la cultura moderna.”
K. Armstrong – Los orígenes del fundamentalismo

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“. . . las ensoñaciones del sentimiento, igual que los consoladores misterios de la fe, son invencibles; Nunca jamás podrá ser la razón la que gobierne el destino de los hombres y de las mujeres.”
J. Conrad

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Y ahora: paro. ¿Qué consigo con éstas confesiones inútiles? ¿Porqué de pronto la pintura no basta? Era tan acogedora! Ya casi amanece; Me llega el canto del Muecín.

 

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  • 06Kadosh2
  • 07Albedrio1
  • 08Palabra
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  • 42Sobrevolando
  • 43Testigo
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  • 45Infancia

 

Boris VISKIN nació en la ciudad de México en 1960 donde vivió su niñez.

Su juventud transcurrió en Israel (Jerusalén, Tel Aviv y Kibutz Galed), y posteriormente vivió tres años en Florencia, Italia, donde arrancó su trayectoria pictórica. En 1985 regresa a la Ciudad de México y forma parte por dos años de los talleres de grabado y litografía de la Academia de San Carlos.

Ha expuesto individualmente desde 1984 en México (Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Zacatecas), así como en el extranjero: (Los Ángeles-E.U.A, Zurich-Suiza, Buenos Aires-Argentina, Florencia- Italia, Jerusalén- Israel, La Paz-Bolivia). También ha participado en numerosas exposiciones colectivas en México y en el extranjero. Ha expuesto en importantes museos nacionales e internacionales, tales como el Museo del Palacio de las Bellas Artes, Museo Rufino Tamayo, Museo de Arte Moderno, Museo de la Ciudad (México DF.); Art Chicago, Museo de Arte Moderno en Bélgica, Centro Recoleta de Buenos Aires, Petit Palais Francia, entre otras ciudades.

Ha obtenido diversos reconocimientos de las Bienales de Pintura Rufino Tamayo, de la Bienal Nacional de la Pinacoteca, entre otros más.

Expone individualmente por tercera ocasión en la galería Le Laboratoire, y se presentará  una exposición retrospectiva de su trabajo en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México el año próximo.