Cabinet
 colectivo

¿De dónde provienen los malentendidos que rodean el arte de los años noventa sino de una ausencia de discurso teórico ? La mayor parte de los críticos y filósofos se niegan a pensar las prácticas contemporáneas en su totalidad, que permanecen entonces ilegibles, ya que no se pueden percibir su originalidad y su pertinencia si se las analiza a partir de problemas ya planteados o resueltos por las generaciones precedentes. Hay que aceptar el hecho, tan doloroso, de que ciertos problemas ya no se planteen y tratar entonces de descubrir aquello que los artistas sí se plantean hoy: ¿ cuáles son las apuestas reales del arte contemporáneo, sus relaciones con la sociedad, con la historia, con la cultura ?  La primera tarea del crítico consiste en reconstituir el juego complejo de los problemas que enfrenta una época particular y examinar sus diferentes respuestas. Muchas veces sólo se trata de hacer el inventario de las preocupaciones de ayer para lamentarse luego de no haber podido encontrar alguna solución.

Nicolas Bourriaud, Estética relacional

 

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Durante los siglos XVI y XVII, los Gabinetes de Curiosidades, o cuartos de maravillas, representaban colecciones de objetos raros o extraños de los diferentes mundos (animal, vegetal y mineral) en relación con la creación del ser humano. Antecesores de los museos, los Gabinetes eran los testimonios y reflejos de grandes exploraciones y otros descubrimientos, a través de la presentación de curiosidades y hallazgos, que aportaban a los científicos una avalancha de especímenes desconocidos. Esas colecciones, frutos de la curiosidad de nobles y eruditos, suscitaron la fascinación de los expertos y del público en general; eran ocasiones imprescindibles de descubrir fósiles, minerales, insectos, animales disecados, instrumentos técnicamente avanzados… hasta creencias populares como sangre de dragón o esqueletos de seres míticos.

Al principio, los Gabinetes estaban más enfocados a las ciencias naturales pero con el paso del tiempo, se han incorporado más y más piezas arqueológicas y obras de arte. Poco a poco, los Gabinetes han ido desapareciendo durante los siglos XVIII y XIX y los objetos más interesantes fueron reubicados en los museos de arte y de historia natural que se empezaban a crear.

Durante el siglo XX, el inventario ha sido permanente, a tal grado que muchos llegaron a la conclusión de que todo era arte, y nada era arte. Las categorías artísticas e estéticas tradicionales han sido rediseñadas, redefinidas o cuestionadas. En su libro “El artista y los comisarios”, Yves Michaud argumenta que el museo que había venido a cumplir la función de poner orden en los gabinetes de curiosidades de dónde venían se transforma nuevamente en gabinetes de curiosidades clean por subversión interna e indigestión. El problema principal de hoy ya no sería determinar la naturaleza de las obras mismas y de su reconocimiento, sino de establecer los criterios de su identificación y de su reconocimiento.

Partiendo de este postulado, presentamos la muestra “Cabinet de curiosités” (Gabinete de curiosidades), espejo del quehacer de la galería desde hace 5 años, muestra plural, fragmentada, cambiante, en permanente expansión, que nos permite (des)articular un laboratorio en búsqueda constante de conexiones e interacciones entre los artistas y sus obras.

No hay explicación racional en hacer convivir en un mismo espacio una instalación sonora de Manuel Rocha Iturbide con una serie de dibujos de cráneos de Mauricio Sandoval, unas ilustraciones de personajes históricos intervenidas por Boris Viskin con un políptico de monocromías primarias de José González Veites, entre una instalación de cuerpos de resinas de Gabriela Gutiérrez y una intervención in situ de Perla Krauze... La armonía debe de darse por la continuidad de forma, color, materia, uso, otorgando posiciones insólitas a los objetos, a las obras, hasta cuestionar las posibilidades mismas de su puesta en escena.

 

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