Maranas
 Mario

 

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Los cuadros de Mario Núñez son como mallas abstrusas conformadas por irregulares tejidos fibrosos, laberintos de color que embrollan textura y fondo.

Sus pinturas son indesentramables enredos formados de vericuetos, desvíos y derivas, rutas entre-versadas hechas para no llegar a ninguna parte.

Un tocar la tela, acariciarla con los dedos del pincel, como haciendo cientos de caminitos de hormiga en un paisaje microscópico.

Líneas cual improntas de un tiempo transcurrido; cicatrices de pintura que devienen berruecos y herméticas tramas.
En la conducta irrefrenable de su dibujar, hay algún tipo de hipergrafismo, compulsión por llenar hojas y hojas de palabras o garabatos, que lo lleva una y otra vez a complejizar la trama de sus trazos; enmarañar el miedo al vacío, llenar con naderías, dicciones sin significado, apenas gestos, el lienzo en blanco.

Lo cual le ha dado el mérito de haber abierto las posibilidades reticulares en sus variedades infinitas, ninguna es igual a la otra.

Su trabajo es un abstraerse en el hacer, no pensar; lo contrario a seguir una regla preestablecida u operar matemático.

Sin fórmulas ni cálculos, sus pinturas son una danza, un ritmo, una meditación, un humoroso desvío del pensamiento, un juguetón enroscamiento de las líneas rectas; tretas al orden geométrico que generan vibración visual, la cual puede escucharse.

Las piezas de Mario Núñez, son como el sonido que se desenvuelve en ondas, van al ritmo del free Jazz, haciendo homenaje a la sensualidad y la improvisación.

Itala Schmelz
abril 2017

 

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