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Victor Fosado | con mil diablos a caballo
Museo de Arte Carrillo Gil | 21 octubre 2016 - 8 enero 2017

Víctor Fosado pertenece a una generación privilegiada que se formó y trabajó en la ciudad de México en los años cincuenta y sesenta del siglo XX. La creación artística asumida como un campo de experimentación más allá de los límites disciplinares caracterizó la obra de varios artistas de esta generación.

La trayectoria de Víctor Fosado está marcada por esta cualidad: músico, actor, pintor, orfebre y promotor cultural, se desarrolló en permanente colaboración con sus contemporáneos. Actor de cine en películas como El topo (1969) de Alejandro Jodorowsky o Reed México insurgente (1970) de Paul Leduc, en la música experimentó con instrumentos indígenas a lado de Antonio Zepeda y como integrante del grupo Escorpio en ascendente de Juan José Gurrola, diseñador de esculturas portantes, piezas de joyería, en las que integró obras miniatura de artistas como Arnaldo Coen; dueño y promotor de un espacio único el café Las Musas, ubicado en el centro de la ciudad, escenario de exposiciones y conciertos y lugar de reunión de los artistas jóvenes que impulsaban el movimiento cultural en la ciudad de México.

Víctor Fosado. Con mil diablos a caballo, es una exposición que propone no sólo un recorrido por la obra de este artistas multifacético sino también una mirada a la ciudad de México de esos años a través de las obras de Fosado y de diversos artistas que formaban parte de su amplio círculo de intereses y colaboraciones, la exposición también muestra una serie de documentos que en conjunto con la obra hacen un recuento de una época de transformaciones.

Curadores: Julien Cuisset y Víctor Fosado III
Investigación: Angélica García

 Entrada

 

Honor a quien honor merece

Además del incuestionable aval que se despliega por la cualidades de un hábil diseño marcadamente personal, y el consecuente eco de ese en una insólita perspectiva escultórica, apuntada esmeradamente en la prolija dimensión de su orfebrería, la presencia de Víctor Fosado en el Museo de Arte Carrillo Gil esta gratamente determinada por un valor que hoy día resulta no solo epiceno en la proyección cultural, sino particularmente consustancial en el discurso de la estética contemporánea: el proceso interdisciplinar. De ahí que ésta ecléctica muestra de la efusiva imaginación y de la operación creativa que fluía por el cuerpo de este singular “hoyo que se abre en la tierra” (que es lo que quiere decir Fosado en una antigua forma española) resulte en efecto vigente y profunda. Experiencia que enfoca en sus destrezas menestrales (conjugadas en la exploración de la plata, el cobre, o el discernimiento simbólico de las piedras), su ingenio musical (fundado en una investigación acuciosa de las propiedades de las percusiones y los alientos prehispánicos, pero igual con respecto a una búsqueda original en el jazz, el rock progresivo, u otras ecuaciones sónicas), sus relaciones con el cine (como figurante breve, pero decisiva), con sus destellos en el teatro experimental (sus fugas en forma de happenings), o incluso en la suma de todo estos pulsos artísticos, acaso si como un inquieto diletante, pero entendido este término no peyorativamente, sino como un atributo digno de orgullo y de la admiración de muchos que a lo largo de más de tres décadas aplaudieron sus exquisitas variaciones camaleónicas.

El privilegio de la presencia de Fosado en este Museo, como si no fuera suficiente con lo antes confirmado, es también por su importante protagonismo en el ejercicio de la difusión de la cultura mexicana. No muy diferente a sus aportaciones creativas, igual de amplias, puntuales en el deseado avance de un panorama de modernidad, y lo mismo honestas y comprometidas con sus fuentes peculiares, acreditemos sus generosas tareas, tanto en favor del rescate de lo vernáculo y la artesanía nacional, como en beneficio de las trayectorias y las obras de otros artistas plásticos de un momento radiante de un país que velozmente se transformaba en una realidad que sería un poco más que una apariencia de progreso internacional.

No sobrará subrayar que en la obra y el trabajo de promoción cultural que perpetró Fosado –“¡con mil diablos a caballo!” era su frase de batalla- no circula distensión; ni entre las estéticas y los estilos imbricados (la pintura abstracta igual de sustancial que la figurativo, y viceversa, en aquellos momentos donde categóricamente o estabas con una o con otra) en lo suyo, o en las obras de sus secuaces. Mucho menos en el seguimiento de una u otra perspectiva que relacionara maneras de expresión. Efectivamente, en su rol de impulsor atendía lo mismo a la artesanía como al arte, a la música como a la palabra, a lo internacional como a lo local. Y sobre este aspecto, debe destacársele como un agente desprejuiciado y adelantado a su tiempo, una especie de postmoderno sin cortapisas, enunciando no solo la asimilación de las vanguardias contemporáneas del mundo, como a lo nacional, del cual fue un absoluto estudioso y profundo investigador de la cosmogonía mesoamericana.

Fosado fue, ¡es! catalizador de energía humanista. Renacentista. Oxígeno en el vibrante flujo de la identidad universal. Y como Alvar Carrillo Gil, con quién tiene muchas similitudes por la amplitud de sus respectivas determinaciones, factótum eterno. Por consiguiente, esta retrospectiva de su obra y su interesante paso por este planeta; consignación de lo antes dicho, y su sensibilidad, su talento, su curiosidad, su inteligencia, su fraternidad y su generosidad, esparcidos por el MACG, que refuerzan los cables y las antenas que esta institución ha entregado desde hace más de cuatro décadas, al ritmo de utopías, solidaridades, y del espíritu humanista que los artistas y el pueblo mexicano todavía están dispuestos a comunicarse.

Guillermo Santamarina, curador en jefe del MACG.

 

Artes populares

El conocimiento del arte popular en la biografía de Víctor Fosado es una herencia de su padre quien en los años cuarenta abrió la tienda “Víctor Artes Populares Mexicanas” en el centro histórico de la Ciudad de México. Más allá de ser un negocio familiar el arte popular se convirtió para los Fosado en un rescate de las tradiciones y en un conocimiento de las técnicas y la creatividad de los maestros artesanos. Los viajes que emprendieron juntos padre e hijo por el país para conocer de primera mano el arte popular fueron un aprendizaje privilegiado para Víctor Fosado hijo quién se ganó el reconocimiento como uno de los más importantes especialistas en arte popular del país.

 

Homenaje a José Guadalupe Posada

En 1963 Víctor Fosado llevó a París, Francia, una exposición homenaje a José Guadalupe Posada y su trabajo en torno a la muerte. Fosado complementó la obra de Posada con una ofrenda de muertos y una exposición de fotografías de Héctor García sobre este tradicional festejo. En París el grupo surrealista presidido por André Breton elogia con gran entusiasmo la exposición y la experiencia se vuelve un referente en la carrera de Fosado quien a lo largo de su vida llevara a varios países exposiciones sobre la fiesta de muertos en México.

 

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Escultura y pintura

Como pintor y escultor, Fosado realizó una bra singular que buscaba su propio lenguaje y que, si bien no es numerosa, deja testimonio del espiritú que lo animaba: la percepción del arte como un territorio sin fronteras y al artista como un ser creador que puede expresarse indistintamente en cualquier disciplina.

 

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Música y escena

La experiencia escénica cautivó a Víctor Fosado, no es gratuito que en su proyecto más personal, el café Las Musas, buscará crear una experiencia inmersiva a través de la ambientación. Músico, actor y en algún momento creador de espectáculos como Fortuismos o (Ensayo alquímico) y Desmonólogo para teatro de cámara, fueron parte de su paso en lo escénico acompañado de la música que creaba a partir de los instrumentos indígenas magníficamente integrados a su propuesta escénica.

 

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Música

En la música Fosado tuvo una trayectoria singular, realizó una labor minuciosa de investigación en torno a los instrumentos indígenas y de esta experiencia derivó en dos direcciones, por un lado hacia la integración de los sonidos de flautas y teponaxtles en contextos de música experimental y otra en la que integró estos mismos sonidos hacia una introspección a sus raíces indígenas. De la primera faceta destaca su trabajo en colaboración con Juan José Gurrola y Luis Urías, con el primero formó el grupo Escorpión en ascendente y con Urías y Antonio Zepeda formaron el grupo El inconsciente colectivo.

En la segunda faceta Fosado mezcló su música con poesía indígena y textos como el Popol vuh, y en colaboración con Antonio Zepeda formaron un dueto que interpretaba música y leía poesía, fueron indiscutiblemente los pioneros en la apropiación de los instrumentos indígenas en miras de crear un sonido contemporáneo a partir de la exploración del pasado indígena.

 

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Espacios alternativos

1967 fue un año de gran actividad en las inmediaciones de “Víctor Artes Populares Mexicanas” cuando en la misma calle de Filomeno Mata Victor Fosado inaugurara: La Galería “Victor Fosado” exponiendo obras de artistas populares y pintores de vanguardia y el Café “Las Musas” donde expone una colección de arte nuevo con obra de los pintores mas destacados y una programación diaria de música, teatro, danza, poesía y canto muy elogiado por el público, periódicos y revistas de México, Estados Unidos y Europa. Estos espacios enriquecieron el circuito de galerías privadas concentrado principalmente en la Zona Rosa y un lugar de reunión en la Zona Gris o Centro Histórico para los jóvenes y artistas que transformaban entonces el escenario del arte con propuestas y conceptos de vanguardia.

 

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Café Las Musas

El café “Las Musas” fue un lugar sui géneris en el que Víctor Fosado creo una atmósfera muy íntima con su muy peculiar estilo armonizando el art noveau con las artes populares y el arte contemporáneo; diseñó mesas y sillas e invitó a sus amigos pintores a que presentaran sus obras para decorar el lugar. La mayoría de ellos, grandes amigos de Fosado, donaron sus piezas que constituyen hoy una colección destacada de las influencias y lenguajes que dialogaban en ese momento. El establecimiento incluía un pequeño escenario en donde convivieron expresiones abiertamente experimentales con otras de corte tradicional, el público podía presenciar un concierto de música mexicana con la joven cantante Tehua y la siguiente noche ver un espectáculo de Juan José Gurrola o de Alejandro Jodorowsky y sus grupos de música experimental, Escorpión en ascendente del que forma parte Fosado y Las damas chinas respectivamente.

 

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Galería Víctor

La Galería Víctor Fosado se caracterizó por ser un espacio abierto a los mas diversos estilos y propuestas, desde jóvenes maestros del arte popular como Maximino Ibarra y Saulo Moreno hasta artistas extranjeros como el chileno Eduard Dagach con su joyería abstracta o la inusitada vanguardia observada en la pintura de Enrique Luft “Pávlata” de quien Fosado conformaría una importante colección.

 

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Esculturas portantes

El diseño de joyería es la actividad que mas visibilidad le diera a Víctor Fosado a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, sus elaboradas creaciones, únicas y originales, le valieron por su carácter y personalidad el término de “escultura portante” como así el mismo las denominó.

Para complementar esta singular producción realizó algunas colaboraciones con artistas como Arnaldo Coen y Vicente Gandía. Algunas de estas piezas se pueden apreciar en sala, óleos miniatura de Coen enmarcados por formas caprichosas realizadas en plata producto de la imaginación de Fosado.

 

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Cine

El cine fue otro territorio en el que Víctor Fosado tránsito de varias maneras, fue actor en varias películas con directores como Alberto Isaac, Paul Leduc y Alejandro Jodorowsky. También intervino como diseñador de ambientaciones y escenografías en algunas de las películas de Alfonso Arau y compuso la música para, Chac dios de la lluvia (1974) del director Rolando Klein, y el cortometraje Kukulcán del director José Nieto que le valiera un Ariel a la mejor música original en 1980.

Teatralidades

En el ámbito teatral Fosado colaboró con Juan José Gurrola y Alejandro Jodorowsky con el primero realizó un evento escénico que formaba parte de las actividades que diseñaron alrededor del grupo Escorpión en Ascendente y para Jodorowsky realizó la música de la obra Moctezuma II (1968) de Sergio Magaña, cuya única copia está perdida. Otra colaboración que se ha podido documentar es la que realizó con la bailarina Rocío Sagaón en un proyecto titulado Danza Hebdomadaria en donde coincidió con Arnaldo Coen, ambos tuvieron varias intervenciones conjuntas en el proyecto de Sagaón. Al igual que en la música en lo teatral Fosado realizó colaboraciones incidentales en eventos más cercanos al happening.

 

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“Victor fue uno de mis mejores amigos, quizá el mejor. No me gusta hablar de Victor ausente; es más, me niego a considerar que está ausente”.  Cristina Pacheco

“Victor, eres lo más mexicano que conozco."  Ofelia Medina

“Era un hombre pausado, suave. Lo recuerdo sobre todo como joyero y creador de ambientes, un brujo que lograba juntar gente tan diversa y talentosa.”  Pilar Pellicer

“Las joyas de Victor son una revelación que conjuga el pasado ancestral y el futuro anhelado.”  Mercedes Iturbe

“Un mago capaz de convertir un guijarro en una piedra preciosa, y a las piedras preciosas en poesía”. Esther Echeverría

“Victor era un polifacético; tocaba instrumentos, escribía poesía, inventaba nuevas palabras, pleonasmos hechos palabras, como por ejemplo: me-encanta-maravilla-facinasiece”. Arnaldo Coen

 

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El legado de Victor Fosado

 

“Victor Fosado, formado familiarmente en el conocimiento del hallazgo, vive sus pasiones de orfebre, de artista, de etnógrafo, aplicándose, al crear cada objeto, a la combinación más sabia y rigurosa de las formas sorpresivas”.
Carlos Monsiváis

La herencia cultural de Victor Fosado es indisociable de su patrimonio familiar y del entorno en el cual creció. Atento, respetuoso y humilde conocedor de las artes y las tradiciones populares, absorbe lo mucho y más de éstos campos artísticos con la perspectiva y la curiosidad que le son naturales y bajo la experta y amorosa guía de sus padres que se cercioraban, en la inquietud del joven, del hombre cabal y derecho que sabría por su México, el camino a seguir.

Estudioso y curioso, “icono de la artesanía mexicana” (dixit Helen Escobedo),el eclecticismo atípico de su formación no es más que el reflejo de un joven aventurero con una sed insaciable de descubrimientos y enseñanzas. Exploraría todos los campos del arte haciendo de la creatividad el hilo conductor que lo llevaría a moverse entre ellas, como una sola, con certero oficio y vocación. La versatilidad de sus estudios lo llevaron a comentar en alguna ocasión que eran “una combinación ideal que me inspiran en el fondo el arte prehispánico, la mitología mexicana y el arte popular contemporáneo sin dejar atrás los movimientos culturales modernos en México''. 

Como charro, bueno y estudiado; del club del automóvil antiguo su gran entusiasta; machete en mano capaz de llegar a las comunidades mas apartadas registrando información, de primera mano, para los anales del Instituto de Antropología y del Museo Nacional de Artes e Industrias Populares. También versado era en el oficio actoral; teatro y cine fueron escenarios en los que desarrolló su creatividad como diseñador, escenógrafo y ambientador. Musicalizó obras de teatro y espectáculos de su autoría así como películas con instrumentos indígenas y precolombinos que le ganaron un Ariel.

Polifacético e inquieto abrió el “Café las Musas” en la zona gris, como así lo refería, en la calle de Filomeno Mata, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Ahí la vanguardia  del arte encontró foro para sus talentos y visiones en toda expresión, artística y social. Para el año 1975 dejaba atrás, satisfecho, la labor compendiada. Artesanos y gente de bien de nuestro pueblo aprobaban, con ánimo incondicional, su reputación de hombre cabal, promotor de oficios en el arte popular, investigador y consumado amigo. Cambió su vestimenta de piel negra y capa por paliacate y bermudas para hacerse a la mar allá en Cancún a donde a los 44 años de edad llega, por invitación del gobierno municipal y el FONATUR, a dar forma, dirección y contenido a lo que serían las actividades artesanales, artísticas y culturales de la naciente ciudad. Su labor continuó, hacia todas latitudes; viajaría incansable llevando de su tierra el color, la forma, la textura, las viandas, y con el viento de sus flautas y ocarinas llegaría con el latir de sus teponaxtles a versados recintos y centros culturales atrayendo la atención de Juan José Gurrola, Antonio Zepeda quienes fortaleció diferentes proyectos convirtiéndose en un importante referente en Jorge Reyes y otros.

Su compenetración y compromiso con el pueblo indígena se haría evidente en diversas publicaciones, museos y exposiciones itinerantes, donde las habilidades imaginativas y creadoras de los artesanos mexicanos liberaban de su entorno, objetos de bien e inspiración fastuosa. Victor y su padre eran un impulsores para muchos artesanos, les enseñaba técnicas y promovían sus trabajos.  Por ejemplo, cuando se abrió el Museo Nacional de Artes e Industrias Populares, los Fosado insinuaron el adorno a la manera de los árboles de Matamoros, y les enseño la técnica de la encaustica, lo que cobró un éxito inmediato en los Arboles de Vida de la familia Soteno, y arraigó hasta la fecha la tradicional alfarera de Metepec. Victor Fosado sembró en él mismo y en  numerosos artesanos el gusto por el arte popular, por las tradiciones mexicanas.  Su imaginación lo llevarán también a rescatar y preservar.

Roberto Ruiz, gran artesano de las miniaturas, nos comenta al respecto: “nuestro gran Victor sigue con nosotros, porque sembró semillas de amistad que siguen fructificando en la gran cantidad de amigos que él hizo y que lo seguiremos recordando por tiempo indefinido”. Las ofrendas de muertos, y en ocasión especial las momias de Guanajuato, llegarían a tierras tan lejanas como el Japón, donde causaron sensación. Así Don Victor de pueblo en pueblo y desde cualquiera de ellos, hasta su otro extremo, llevaría en su corazón de amigo, con mensaje y promoción, los arraigos y las querencias de la raza de bronce que como bien decía, es inmune hasta la muerte misma.

Sería imposible reseñar el trabajo de Victor Fosado en un solo campo, sin embargo, la parte más visible del pináculo Fosado siempre ha sido su joyería, sus esculturas portantes que grandes figuras portaron y admiraron como Frida Kahlo, Mario Félix, Mercedes Iturbe, Ana Torroja… obteniendo numerosos premios y homenajeado con cuatro grandes exposiciones retrospectivas por la Galería Aristos de la UNAM, el Museo Franz Mayer, el Museo del INAH Cancún y El Museo Guillermo Spratling de Taxco. Esther Echeverría lo consideraba “un mago capaz de convertir un guijarro en una piedra preciosa, y a las piedras preciosas en poesía”.

Su herencia cultural está más viva que nunca; basta con percibir la interdisciplinaridad que impera en los círculos culturales actuales para darse cuenta que figuras como la de Fosado, al igual que las de Alejandro Jodorowsky, Juan José Gurrola, entre otras, no podían limitarse a unas pocas disciplinas artísticas. Representaron, sobre todo durante las décadas de los sesentas e inicio de las setentas un semillero avant-garde de una enorme fecundidad. Adelantados en su tiempo, relacionaban conocimientos procedentes de campos diversos, tomando en cuenta constantemente las implicaciones sociales de sus acciones, contribuyendo así a una cultura más integrada y más relacionada. No hay mejor precepto para las nuevas generaciones, que la floración de ideas y nuevos paradigmas culturales, plasmados en búsquedas novedosas.

Victor Fosado es un ejemplo atípico, anticonformista, “eterno en el placer de la creación”, como se expresaba Juan José Gurrola de su amigo. Añadía: “Cortés, prudente, fiel a la amistad, con la justa distancia de la nobleza indígena, sobresalía de desde su mirada como faro en la niebla mirando hacia el horizonte, zigzagueando a los ladinos y construyendo realidades factibles, concretas e imaginativas (…) Llevaba encima una aristocracia inédita. No sólo en sus dedos llenos de anillos, ni en la magnificencia de sus creaciones en la joyería más sofisticada que he visto, sino en su vida diaria.”

La exposición “Con mil diablos a caballo” es el resultado de más de dos años de investigación y catalogación del Archivo familiar de Victor Fosado, resguardado en su casi integralidad en Cancún. Abarca temáticas muy diversas: artes populares, orfebrería, pintura, escultura, diseño, música, artes escénicas, cine…  y representativas de su quehacer artístico, teniendo especial énfasis la  de su curiosidad sin limites y su cercanía con los artistas, su generosidad y su trato tan sencillo hicieron de él un incansable promotor cultural. La muestra no pretende ser una revisión histórica o biográfica per sé del artista, sino un ejercicio libre, una constelación de proyectos clasificados por grandes familias artísticas.

 

Julien Cuisset y Victor Fosado III
Ciudad de México, septiembre 2016.