Obra Negra

Obra Negra es un ensayo fotográfico de Tomás Casademunt en torno a la plástica de la construcción arquitectónica.   Una serie personal sobre la fase constructiva que precede a toda obra arquitectónica consolidada, homenaje gráfico a los obreros de la construcción. “Alambres, blocks, bovedillas, castillos, cementante, cemento, encofrados, grava, gravilla, polvo, varillas, vigas. Senado trabaja a medias y en obra negra. Hay una puerta luminosa, una sombra que se descuelga, un montículo de grava apelmazada, el doblez de unas varillas cuya longitud desconocemos, sus puntas, castillos, una escalera hechiza, otras sombras, demasiada luz para una obra negra. (…) En la obra negra de Tomás casademunt se perfilan presencia más allá de la suya propia, y con ellas, sospechamos saberes, destrezas, rituales anónimos. No vemos costumbres, condiciones, rostros, escalafones, ni raíces o desarraigos. No vemos ningún objeto reconocible, fuera de la pala, una escalera, sólo los materiales en su crudeza y en su suma y mezcla, definiendo estructuras. No hay entorno, más allá de la obra misma”.

Jaime Soler Frost

 

 

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Semblanza

Pocos días después de comprar mi primera Rolleiflex, paseando por una casa en construcción, me detuve ante unas maderas apiladas en un rincón. Entre restos de encofrados y puntas de alambre, sobresalía una escalera armada con restos de tablas. Prosiguiendo el recorrido, me sorprendió la luz detrás de un marco de una puerta que aún no conducía a ninguna parte; las escaleras improvisadas adelantándose a un ir y venir de cubetas. Así comencé a fotografiar techos, vigas, mallas, tablones y clavos.

Cuando visito una obra, suelo pedir al arquitecto un salvoconducto para moverme libremente. Llego, saludo al responsable, pido prestado un casco y me interno en un territorio donde reina un desorden sólo aparente. Confieso que mis primeros recorridos los pasaba mirando básicamente al piso, armándome de valor para cruzar puentes, peldaños y otros pasajes precarios. Los albañiles me observaban, disimulando apenas la risa, sin comprender qué andaría buscando entre hierros, cimbras y tabiques. Junto con ese equilibrismo, fui aprendiendo a afinar la mirada en la maraña de planos y líneas, como asomándome fuera del dibujo a una escena tridimensional en movimiento. A cada visita notaba cómo los trazos se sumaban o desaparecían, y con ellos la composición anhelada. Porque si bien, en este universo, las transformaciones tienen tiempos muy lentos, la aparición del cuadro suele ser instantánea.

Llevo años merodeando casas y departamentos en construcción. Dentro del clima inconfundible de cada obra, lo que me atrae en medio del trajín es el levantamiento de la estructura, antes de que castillos, esqueletos y encofrados desaparezcan sepultados por el colado. Más allá del documento, esta serie remite a la ingeniería y a las dinámicas que establece cada equipo de trabajo. Fascinado por las atmósferas que generan estas coreografías indescifrables, sigo sin establecer un vínculo fotográfico con estos artesanos del ingenio. Me quedo con su anónima sombra. A medida que sigo explorando este universo, hecho de gigantescas piezas flotantes y pequeños gestos efímeros, imagino que cuando todo se construya con materiales prefabricados, esta serie se convertirá en una rareza.

Tomás Casademunt, enero 2011.