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puntossucesivos

mario núñez

 

 

 

 

 

 

“Estos cuadros surgen a partir de una línea que hago con un pincel. Cada plano que ves es una pincelada, ese fue un patrón que me ayudó a tener más claridad en la obra. A veces encimo los planos, los contrapongo o se encuentran ellos mismos como imanes. La línea es como el personaje, que a veces puede ser transparente, con mucho color, monocromático, vertical, horizontal o con una forma de remolino; son como juegos con un mismo principio”.

Mario Núñez

 

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A la vez obsesiva y libre, rítmica y silenciosa, violenta y artesanal, la obra de mario núñez es la invitación a un sueño delirante, donde lo que parece semejante es, en realidad, distancia, brecha, repetición nunca idéntica, similitud que esconde caminos diversos para llegar – sin más equipaje que la expectativa vuelta a la vez placer y angustia – al centro de nuestro propio desconcierto. Con trazos pequeños, prolijos, a veces incipientes, Mario construye un laberinto de ritmos y colores. Búsqueda de un cuerpo múltiple, que comparte con aquel que explorara hace ya tantos años Joaquín Torres García – al sur de todos los sures – o algunos de los pinceles vinculados al constructivismo, el rigor reiterativo y la profusión que es al mismo tiempo homenaje a la soledad del hombre sin atributos e improvisación lúdica. John Cage reinventándose a través del círculo cromático. Las obras de Mario son carnaval a punto de tornarse pesadilla, o simple deambular por una cartografía abigarrada, de ciudad funambulesca y sorprendente. O quizás no se trate sino de los circuitos secretos de alguna misteriosa máquina que – a diferencia de la ideada por Macedonio Fernández - no genera narraciones sino imágenes de sí misma hasta el infinito.

Los puntos sucesivos revierten el silencio de los puntos suspensivos convirtiéndolos en celebración de los espacios, canto cifrado de las miniaturas nómades que establecen complicidades con la mano pintora. Mano, cuerpo, voluntad de ordenar lo caótico; de volver caos el deseo que va del gris tenue a la lluvia de colores (algo hay en estos lienzos del “méxico bajo la lluvia” de vicente rojo). Los títulos juegan con los óleos tal vez a inventar haikús; pequeños poemas que son sólo destellos; pequeños destellos que transforman los poemas en ventanas de luz, en cajas luminosas que nos invitan a pasar al otro lado del asombro. No sería extraño que en alguno de estos cuadros, cada uno de nosotros encontrara - como en el cuento de Borges - su propio rostro.

Sandra Lorenzano

 

 

 

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Ha pasado mucho tiempo desde que Núñez realizó su primera exposición pictórica, a los 19 años. Basada durante muchos años en un paisajismo imaginario, incrustando en sus obras animales, utensilios y tantos otros objetos de la vida que nos rodea, su pintura ha dejado poco a poco su sentido figurativo – plantas, tazas y botellas, personajes... - para ir depurando su trabajo y encontrándose con unas vías que le han permitido explorar nuevos territorios. El encuentro decisivo ocurrió cuando se dio cuenta de que la línea – como forma de expresión pura, dinámica y variada – traducía sin lugar a duda un acto pictórico en sí. Su paleta de color, la superposición de sus formas y la profundidad óptica de sus composiciones nos remiten a un movimiento omnipresente que caracteriza tanto los artistas del expresionismo abstracto. Metafóricamente, o inconscientemente, Núñez diseña sus propios laberintos, y nos deja entrever su propio mundo interior. Encadenarse en un camino, jugar con la línea, retornar en la infancia, tales parecen ser los placeres de un pintor que con el tiempo no deja de demostrar gran amor por la forma.

Julien Cuisset