invGravedad1

“No es una idea preconcebida, este proceso ha sido mi salida del arte figurativo, la busqueda de distintas lineas, una forma de construir un lenguaje. El hecho de atreverme a no intervenir de manera tan directa en el lienzo me permite romper con mi auto complacencia…Hay que descubrir destruyendo… ¿ hasta donde puedo seguir haciendo estas lineas chorreadas ? Me gusta el juego, son invenciones…. Me abre la posibilidad de seguir jugando entre el azar y el control, inventando espacios, recordando mi niñez”.

Mario Núñez, enero 2009

 

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La perspectiva de los laberintos de Mario Núñez nos remite a una urbe densa y compleja, inspirada en búsquedas que articulan experimentaciones e inspiraciones de la realidad, formando así una paradoja de abstracción, un recreo enigmático de las formas. Flujo e improvisación, tendederos rítmicos, caminos inesperados, sus juegos son el conducto soñado que llevan a cierta idealización de la niñez a través de sus colores y de sus múltiples mundos fantásticos.

En su ultima serie “gravedad”, compuesta de óleos sobre tela y de arte-objetos sobre madera, Núñez no lanza la pintura al soporte sino que la va depositando con cierto misticismo, dejando los efectos de la física y de la gravedad hacer lo suyo. No utiliza dibujos ni bocetos, no se mete en el lienzo, apenas lo roza, deja que los colores y la textura escurran, se resbalen. Su línea es vertical, tiembla, llora. Sus gotas no están apuradas, avanzan con medida hacia lo ilimitado, construyen y reconstruyen la naturaleza a partir del espíritu. Su emanación dialoga con la matriz mondrianesca de “Composición con retícula 8”, obra magistral pintada en 1919: la totalidad de la superficie pictórica se ha convertido en la imagen misma del cuadro, no vemos una imagen dentro de un cuadro, sino toda la superficie del cuadro como imagen.

Núñez se convierte en un equilibrista; entre la razón y la emoción, su travesía requiere de mucha concentración y de mecanismos físicos que pelean constantemente con lo accidental. Con un proceso sorprendente, musicalmente (in)controlado, el artista deja sus huellas-pinceladas en la superficie de sus óleos-ventanas, toma distancia tanto con los paisajes imaginarios de su formación inicial como de sus incrustaciones surrealistas tan presentes en el trabajo que realizó durante la década de los noventa.

Su procesión es la composición, nos invita al recorrido de la imaginación: un sismógrafo-electrocardiograma, una ciudad urbana (re)descompuesta, unas ventanas simultáneas, un vacío virtual… en fin, un cortejo de emociones y de interpretaciones ilimitadas.

 

Julien Cuisset, enero 2009

 

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